A mediados de agosto pasé en una rápida excursión al otro lado de la isla de La Española, a Haití.
Es uno de los países más pobres del mundo, y se le considera el más pobre de toda América, según su renta per cápita. Datos de UNICEF
dicen que aproximadamente el 60% de los hogares rurales no tienen qué comer frecuentemente, y el 20% son vulnerables. En las ciudades es el 32% los que cotidianamente no pueden llevarse nada a la boca, mientras en un 26% de los hogares esa situación es ’sólo’ frecuente.
Aprovechando que Mathi tiene proyectos a un lado y otro de la frontera, y tenía que hacer un viaje para allá, me uní e hice el viaje con ella y con Rubén, un chofel de la empresa donde trabaja.
Una vez en Pedro Santana, un pueblo dominicano pegado a la frontera, recorrí junto a Rubén la Internacional, una carretera de arena que hace de límite entre República Dominicana y Haití, y cruzamos el río Artibonito, donde hay situado un puesto fronterizo. El puesto es en realidad una cadena justo antes del puente que atraviesa el río, y un guarda en una caseta al que hay que saludar para que baje la cadena y te permita pasar.
Siguiendo por la Internacional, un lado es haitiano y el otro dominicano. Es impresionante el contraste de un lado y del otro. A lo lejos, los montes haitianos que se dominan, aunque verdes, están totalmente deforestados. Del lado dominicano las montañas aparecen repletas de árboles. Y esa diferencia tan brutal teniendo un clima muy similar. Las razones parecen ser la sobreexplotación del terreno por una población necesitada de madera y leña, que a su vez provoca una tremenda erosión del suelo. Son muy famosas las imágenes del documental de Al Gore
sobre esto mismo. Yo no tenía a mano un avión para hacer fotos, pero sí tengo alguna desde el suelo.
Ya al día siguiente Mathi tenía una reunión para dar a conocer el proyecto en la iglesia de un pueblo haitiano llamado Los Cacaos. Fue todo un éxito, ya que reunió a unas doscientas personas interesadas, y el turno de preguntas ocupó un buen rato. Como hablaban en criollo y no entendía ni torta me puse a hacer unas fotos.
Los Cacaos es un pueblito rural cercano a la frontera con República Dominicana. Toda el área que ocupan sus casas está realmente seca, pero los alrededores son bastante verdes. La cooperación construyó allí casas de cemento, todas iguales y pintadas de colores chillones, pero supongo que sus habitantes están muy contentos de que no se les vengan abajo cada vez que cae una tormenta fuerte. Por todas partes niños con la barriga hinchada. Al final de la reunión repartieron unos refrescos, y puede que algunos fuesen sólo esperando algo así.
Después salimos con Moloche y Diu-Seul, dos compañeros de la organización que nos llevaron en moto a visitar varias zonas rurales haitianas en las que la institución trabaja con los campesinos. Toda la zona, aunque deforestada, es bastante verde, y da la sensación que se puede invertir el proceso de erosión, otra cosa es que se consiga.
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q no sabía q esto seguía!
ole ole!
haiti! ya me contarás!!
beeso
Sigue sigue Sari.
Por lo menos hasta que acabe de poner los últimos viajecillos del año. Después ya veremos.
Nos vemos pronto!